El regadio de Torlengua ya no existe, esta es la crónica de un final esperado. En los tiempos de la remolacha cuando funcionaba la Comunidad de Regantes y la vega era fuente de riqueza nadie habría esperado este triste final.
El regadío de Torlengua funcionó durante siglos gracias al
generoso caudal de agua que aportaba el río Nágima a los azudes de su ribera, donde se crearon sistemas de regadío más propios de las tierras de Aragón que de Castilla. Las fértiles vegas ayudaban a mantener la economía de
subsistencia de estos pueblos que antaño eran más grandes y ricos que los de la meseta soriana.
En los años 80 del siglo pasado llegó la decadencia, el Nágima cada año traía menos agua, las parcelas se quedaban en secano y los árboles morían rápidamente. Los viejos hablaban de periodos de sequía recurrente, más o
menos serios, sin embargo, en esta ocasión se ha prolongado demasiado. El río fue mermando su caudal, primero hasta causar la desaparición del preciado regadío
y después hasta convertirse en un rio seco cada verano.
En el año 1999 se abandonaron totalmente dos acequias
principales, la de la vega y la del otro lado, y por
fin, este año de 2023 se ha abandonado la tercera acequia principal que regaba la
Vegatilla.
El sistema de regadío era un patrimonio fundamental para el
pueblo y como tal debía ser regulado por una normativa específica recogida en un documento de 53 páginas fechado en 1960, en él queda
regulado el derecho de riego mediante Ordenanzas
y Reglamentos para el Sindicato y Jurado de Riegos. Empieza así:
Artículo 1º. Los propietarios regantes y demás usuarios
que tienen derecho al aprovechamiento de las aguas del río Nágima en el término
municipal de Torlengua, mediante los azudes de la Morcuera y los Medianiles se
constituyen en comunidad de regantes de Torlengua.
En el documento se describe con gran precisión un sistema de
regadío que disponía de 7 kilómetros de acequias principales, tres pequeños
embalses y un amplio sistema de acequias secundarias que llegaba a regar en
total hasta 99.36 hectáreas.
El agua retenida en embalses se aprovechaba para mover dos
molinos, el pequeño Molinillo situado en la falda del Cerrillo y
el importante Molino de los Frailes donde residió una familia hasta los
años 60. La primera energía eléctrica que llegó a las casas de nuestro pueblo se generaba
con la fuerza del agua en el Molinillo.
Las primitivas acequias de riego, están excavadas directamente en el terreno sin más soporte, sin embargo
hay dos estructuras de ingeniería mas avanzada, son las dos canales
que sobrevuelan respectivamente el río y el Barranco del Gato. La primera, que
da nombre al paraje de “Las Canales”, es una estructura metálica que cruza el
río a 8 metros de altura apoyada sobre dos contrafuertes de sillería de
gran calidad. La segunda que da su nombre al lavadero de “La
Canal” también es metálica desde
los años 70, cuando sustituyó a la antigua hecha de tablones de madera sujetos
con herrajes.
En las fincas del sistema de riego había cientos o miles de árboles
frutales, manzanos, perales, ciruelos, guindales, nogales y otros especímenes,
todos ellos de variedades antiguas. Se regaban muchas hectáreas de cereal,
alfalfa, maíz, patatas, hortalizas y todavía quedaba para regar la dehesa en la
que pastaban bueyes y caballerías. Durante algunos años se cultivó remolacha
con tal éxito que la Azucarera de Terrer construyó una báscula para pesar la
mercancía que luego se llevaba en camiones hasta la fábrica.
Una vez más hablamos con nostalgia de lo que hemos perdido,
seguramente esta es una responsabilidad que tenemos como asociación cultural, aunque
también podemos ser optimistas, quizás mejore el clima y un año de estos
reabrimos el azud y ponemos huerto, que es fuente de de salud y reserva de nuestra cultura local.
Documento adjunto: Ordenanzas y Reglamentos de la Comunidad de Regantes de Torlengua, (Libro completo).
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Canal de la acequia de la vega sobre el río Nágima |
Autor: César Romero, Amigo de Torlengua